Los indicadores económicos correspondientes al año 2023 han superado las expectativas: la tasa
de inflación ha experimentado una reducción, el empleo ha mantenido su robustez y se ha
logrado por el momento evitar sumergirnos en una recesión; de hecho, el crecimiento ha
demostrado ser notablemente resistente. El conjunto de estas «buenas noticias» ha motivado a
la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos y a otros bancos centrales globales a mantener los
tipos de interés en niveles más elevados por un período prolongado.

En nuestra opinión, las fuertes caídas de 2022, no se debieron a una crisis económica sino a una
crisis de inflación y la consiguiente respuesta de los bancos centrales. Por esa razón, en cuanto
el mercado ha recibido noticias de una pausa en la subida de tipos, e incluso un comienzo de un
ciclo de bajadas (descontado la primera bajada en marzo de 2024), tanto la renta fija como la
renta variable ha reaccionado al alza, hecho que se produjo de manera muy importante en el 4
trimestre.
Muchos estrategas perciben un sentimiento de incertidumbre en relación con la programación
de las reducciones de tasas, así como en cuanto al momento y la magnitud de una
desaceleración económica, generando ciertos temores en los mercados financieros. Esto
probablemente conlleve volatilidad a corto plazo, el mercado estará muy pendiente de los datos
de inflación y de los datos adelantados de actividad económica de las principales economías.
Curiosamente podemos entrar en un periodo donde datos de económicos flojos sean bien
recibidos por el mercado ya que podrían indicar una reducción mas rápida de los tipos de interés.

Los riesgos geopolíticos podrían adquirir una importancia mayor que los factores económicos.
Aunque la esperada desaceleración continúa postergándose, si se materializa los datos
preliminares estos indican que podría ser más leve de lo descontado en 2022. Los riesgos
asociados con la posibilidad de una inflación creciente o decreciente, o una recesión más suave
o profunda, son riesgos conocidos ya que son los que hemos vivido primero en 2022 con una
espiral inflacionista desbocada, y después en 2023 con el control de esta. Sorpresivamente, ya
no se habla apenas de Ucrania, que es lo que influyó de manera radical al boom de inflación
reciente, y los focos están en el conflicto en Oriente Próximo y las crecientes tensiones entre
Estados Unidos y China. En los últimos días se está incrementando los costes de fletes debido a
la crisis del mar Rojo, esto si es un factor que me preocupa en los próximos meses y que podría
tener un efecto negativo en la inflación.
Desde un punto de vista macroeconómico las crisis geopolíticas en países productores de
materia prima generan volatilidad a corto plazo y presiones inflacionarias a largo plazo. Estas
presiones afectan directamente a las empresas, ya que la búsqueda de fuentes de energía
alternativas o la construcción de nuevas cadenas de suministro conlleva costos significativos,
además de los costes financieros del encarecimiento de la financiación.

Claramente las expectativas de inflación se han relajado lo que ha hecho que se empiecen a
descontar bajadas de tipos para 2024, como hemos comentado la primera para marzo de 2024.
Sin embargo, y a menos que el frenazo económico sea muy severo, creemos que el mercado ha
sido demasiado agresivo en el número de bajadas para este 2024. Intuyo que probablemente el
mercado nos dé oportunidad para seguir construyendo carteras de renta fija a tipos interesantes
en este año.
También, tenemos elecciones en EE. UU. en noviembre, que sin duda tendrán impacto en los
mercados. Como apunte históricamente, los mercados financieros se comportan bien en año de
elecciones en EE. UU. Esto es debido al efecto riqueza que genera las subidas en la renta variable
y la renta fija en los bolsillos del elector americano. Generalmente el americano tiene gran parte
de su patrimonio invertido en mercados financieros, unos mercados alcistas suelen favorecer a
la administración actual en intención de voto.