El pasado 5 de septiembre leí un artículo que me dejó pensando más de lo habitual.
Lo firmaba Scott Bessent, nada menos que presidente del Tesoro de Estados Unidos. Si quieres leerlo completo lo tienes aquí.
Me llamó la atención porque no es habitual que alguien con semejante cargo diga lo que dijo.
Si no quieres leértelo entero, te lo resumo:
El artículo viene a decir lo siguiente:
La Reserva Federal (FED) ha dejado de cumplir su función básica —controlar la inflación y fomentar el empleo— para convertirse en una entidad intervencionista que ha distorsionado completamente el sistema económico. Desde 2008, y especialmente tras la pandemia, se ha acostumbrado a actuar más allá de sus competencias: comprando activos, rescatando empresas, bajando los tipos a niveles artificiales… con la esperanza de generar ese famoso “efecto riqueza” que, en teoría, estimula el gasto y ayuda al crecimiento.
¿El problema?
Ese efecto riqueza solo lo notan los que ya tienen riqueza.
Y cuando tú haces subir artificialmente el precio de los activos —acciones, bonos, inmuebles— los principales beneficiados son siempre los mismos: los ricos. No es una opinión. Es un hecho.
Mientras tanto, los hogares con rentas bajas se quedaron fuera de ese rally. No tenían activos que subir, ni propiedades que revalorizar. Solo vieron cómo sus ahorros perdían valor y cómo los precios de todo lo demás (vivienda, alimentos, energía) se alejaban cada vez más.
Según Bessent, la inflación que vino después del Covid no fue “transitoria” como decían. Tampoco fue culpa exclusiva de los problemas en la cadena de suministro.
Fue consecuencia directa de una expansión monetaria histórica: en apenas un año, se imprimió más dinero que en los 8 años anteriores.
Qué es lo más interesante:
Bessent no es un tuitero con gorro de papel de aluminio. Es alguien del sistema.
Y sin embargo afirma que la FED ha sido una de las principales responsables del aumento de la desigualdad en EE. UU.
Y no solo eso. También dice que la FED no entiende ni el efecto real de sus propias políticas, ni cómo predecir sus consecuencias. Que llevan años fallando en sus estimaciones. Que cada intervención refuerza a los grandes, ahoga a los pequeños y debilita la señal del mercado. Y que, en definitiva, están jugando a ser dioses… pero sin saber muy bien lo que hacen.
… ahí queda eso.
Al leerlo, uno no sabe si está escuchando a un funcionario del Tesoro… o a Satoshi Nakamoto reencarnado. El tono es casi de manifiesto. Como si, por fin, alguien desde dentro se atreviera a decir lo que muchos llevamos tiempo pensando.
Y en mi caso, suscribo prácticamente todo lo que dice.
De hecho, en más de un lugar ya dije que vivimos en un sistema que premia al que tiene patrimonio y castiga al que solo tiene ingresos. Que ahorrar sin invertir es condenarte a perder. Que el dinero fiat se ha convertido en una herramienta de redistribución… pero al revés: redistribuye de los que no tienen hacia los que sí.
Las bajadas de tipos, las compras de activos, los rescates, el QE infinito… todo eso no ha ayudado a los pobres. Ha ayudado a sostener un sistema de crecimiento artificial que depende de que los activos no bajen nunca. El resultado es un mercado que siempre espera la intervención, y que ya no sabe vivir sin ella.
Cuál es la reflexión:
Lo más inquietante del artículo de Bessent no es su diagnóstico. Es su propuesta.
Propone que la FED vuelva a su mandato original, que se le retiren los superpoderes que ha ido acumulando, que la supervisión bancaria pase a otras instituciones, que se dejen de rescatar empresas por sistema, y que se dejen de tomar decisiones que claramente tienen más que ver con la política que con la economía.
En teoría, esto es lo correcto. Lo responsable.
Volver a un mercado libre, donde los precios reflejen valor, no estímulos.
Volver a un sistema donde quien arriesga mal, pierde.
Volver a la normalidad.
El problema es que lo normal ya no lo es.
Muchos inversores actuales nunca han vivido un mercado sin intervención.
Nunca han visto una subida de tipos sin rescate.
Nunca han tenido que analizar los fundamentales sin la certeza de que “la FED saldrá al rescate si hace falta”.
Volver a un mercado limpio sería un cambio sísmico.
Y, lo reconozco, asusta.
Asusta porque sería lo correcto…
…pero a nuestro dinero le ha ido muy bien en este sistema irresponsable.
Nos hemos acostumbrado a que la marea suba. A que todo rebote. A que indexarse funcione.
Si mañana deciden dejar de manipular, los primeros perjudicados seremos los inversores.
Esa es la gran paradoja de todo esto.